El nombre de la etiqueta no siempre es el de la cepa que hay en el frasco. Qué marcadores permiten verificar un Trichoderma o un Bacillus de verdad.
Un bioinsumo se vende por el nombre de lo que contiene: Trichoderma harzianum, Bacillus subtilis, Pseudomonas fluorescens. Pero esos nombres son más resbaladizos de lo que parecen, y verificar que el producto contiene lo que dice exige elegir bien el método.
La taxonomía de estos grupos ha cambiado mucho desde que se aislaron muchas de las cepas comerciales. Al reanalizarlas con más datos genéticos, se ha documentado repetidamente que cepas vendidas durante años con un nombre resultan pertenecer a otra especie del mismo grupo.
No es necesariamente fraude. Muchas veces es que la especie se describió con las técnicas de su época y hoy se distingue con otras. Pero el resultado práctico es el mismo: el nombre impreso y el organismo real pueden no coincidir, y eso importa para el registro, la auditoría y la reproducibilidad de un ensayo.
La región ITS es el barcode estándar de los hongos, y en Trichoderma resuelve el género pero no distingue con fiabilidad entre especies próximas. El grupo que se vende como T. harzianum es en realidad un complejo de especies, y dentro de él conviven organismos con comportamientos distintos.
Lo habitual es secuenciar, además del ITS:
Con esos genes y un árbol filogenético que incluya secuencias de referencia, la identificación pasa de «un Trichoderma» a una especie defendible.
En bacterias el marcador por defecto es el 16S, pero en el **grupo de Bacillus subtilis** —que incluye B. subtilis, B. amyloliquefaciens, B. velezensis, B. licheniformis y otros— las secuencias de 16S son casi idénticas entre especies que sí se distinguen por su biología y su genoma.
Por eso una identificación basada solo en 16S puede devolver «Bacillus subtilis» para un organismo que pertenece a otra especie del grupo. Lo que se hace es:
El caso de Pseudomonas fluorescens es parecido: es un grupo muy amplio donde el 16S se queda corto y se recurre a genes como rpoD o gyrB.
Hay un nivel más fino todavía. Dos productos pueden contener la misma especie y ser cepas distintas, con eficacia distinta frente a un patógeno o en un cultivo. Si la propiedad que se vende es de la cepa y no de la especie, el nombre de la especie no la garantiza.
Para distinguir cepas hace falta el genoma, o al menos marcadores de alta resolución. Es lo que permite además dar trazabilidad: comprobar que el lote que sale hoy contiene la misma cepa que el que se ensayó.
Conviene decirlo claro: identificar no es cuantificar ni medir viabilidad.
Un control de calidad completo combina las dos cosas: identidad por métodos moleculares y viabilidad por recuento.
Es justo el tipo de trabajo que documentamos en identificación molecular, filogenia molecular y genómica microbiana. Si tienes una cepa que verificar, escríbenos con su origen y para qué la vas a usar.